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lunes, 16 de abril de 2018

Nacimiento de Artemisa y Apolo

Leto parió a Apolo y a la flechadora Ártemis, prole más deseable que todos los descendientes de Urano, en contacto amoroso con Zeus portador de la égida.

Hesíodo. Teogonía, 918.

Entre las hijas de Ceos, una de ellas, Asteria, para escapar de los ardores amorosos de Zeus, se convirtió en una codorniz y se arrojó al mar. De ella nació una ciudad, que tomó su nombre, Asteria; más tarde, fue llamada Delos. Leto, en el momento en que Hera la echó de todas las tierras debido a su amor por Zeus, un día llegó a Delos, y finalmente pudo dar a luz a Artemisa. Artemis misma a continuación, actuó como partera, y Leto también dio a luz a Apolo.

Apolodoro. Biblioteca, I, 4, 1.

Pistetero
Oh! Halcón, guardián sagrado de Sunium, ¡oh, dios de las cigüeñas!

Sacerdote
. . . al cisne de Delos, a Leto, la madre de las codornices, y a Artemisa, el jilguero.

Pistetero
Ya no es Artemisa de Coleno, sino Artemisa, el jilguero.


Aristófanes. Las aves, 870. 

jueves, 20 de octubre de 2011

Diálogo entre Trigeo y Hermes

Helios, el sol, en su carro (cerámica) (British Museum)

Trigeo: Te revelaré una gran y terrible conspiración que se trama contra los dioses.
Hermes: ¡Ja! Habla y tal vez dejaré que me suavice.
Trigeo: Sabe, pues, que la Luna y el infame Sol están conspirando contra ti y quieren entregar Grecia a las manos de los bárbaros.
Hermes: ¿Por qué?
Trigeo: Porque te hacemos sacrificios, mientras que los bárbaros les adoran a ellos; por lo tanto quieren verte destruido para que ellos solos puedan recibir las ofrendas.
Hermes: ¿Es por esta razón por la que esos aurigas indignos de confianza nos han defraudado durante tanto tiempo, uno de ellos robando la luz del día y el segundo mordisqueando el disco del otro?

Aristófanes. La paz, 403 y ss.

jueves, 6 de octubre de 2011

La Creación según Aristófanes



En el principio sólo existían el Caos y la Noche, el negro Erebo y el profundo Tártaro; la Tierra, el Aire y el Cielo no habían nacido todavía; al fin, la Noche de negras alas puso en el seno infinito del Erebo un huevo sin germen, del cual, tras el proceso de largos siglos, nació el apetecido Amor con alas de oro resplandeciente, y rápido como el torbellino. El Amor, uniéndose en los abismos del Tártaro al Caos alado y tenebroso, engendró nuestra raza (la de las aves), la primera que nació a la luz. La de los inmortales no existía antes de que el Amor mezclase los gérmenes de todas las cosas; pero, al confundirlos, brotaron de tan sublime unión el Cielo, la Tierra, el Océano y la raza eterna de las deidades bienaventuradas.

Aristófanes. Las aves, 692 y ss.