viernes, 20 de abril de 2018

La isla de Delos

Yo te saludo, madre afortunada, ¡oh Latona! Has dado a luz a hijos gloriosos, el gran Apolo y Diana a quien le gusta tirar flechas; ella nació en Ortygia, él, en el duro Delos, cuando descansabas en las alturas del Monte Cynthus, cerca de una palmera y no lejos de las fuentes de Inope. Cómo honrarte dignamente, oh Febo, digno de la mayor alabanza. Es a ti a quien las leyes de la armonía se atribuyen en todos lados, ya sea en el continente fértil o en las islas. Amas las rocas, los picos amargos de las altas montañas, los ríos que se precipitan en el mar, los promontorios que se asoman sobre las olas y los vastos puertos del océano. ¡Latona te dio a luz primero, oh, tú que encantas a los mortales! Estaba tumbada en el monte Cynthus, en una isla salvaje, en el Delos marítimo, donde la corriente azulada, impulsada por el suave aliento de los vientos, se rompe en la orilla.

Himno homérico a  Apolo, 14 y ss. 

          Python Terrae filius draco ingens. hic ante Apollinem ex oraculo in monte Parnasso responsa dare solitus erat. huic ex Latonae partu interitus erat fato futurus.
      2  eo tempore Iouis cum Latona Poli filia concubuit; hoc cum Iuno resciit, facit ut Latona ibi pareret quo sol non accederet. Python ubi sensit Latonam ex Ioue grauidam esse, persequi coepit ut eam interficeret.
      3  at Latonam Iouis iussu uentus Aquilo sublatam ad Neptunum pertulit; ille eam tutatus est, sed ne rescinderet Iunonis factum, in insulam eam Ortygiam detulit, quam insulam fluctibus cooperuit. quod cum Python eam non inuenisset, Parnassum redit.
      4  at Neptunus insulam Ortygiam in superiorem partem rettulit, quae postea insula Delos est appellata. ibi Latona oleam tenens parit Apollinem et Dianam, quibus Vulcanus sagittas dedit donum.
      5  post diem quartum quam essent nati, Apollo matris poenas exsecutus est: nam Parnassum uenit et Pythonem sagittis interfecit (inde Pythius est dictus), ossaque eius in cortinam coniecit et in templo suo posuit, ludosque funebres ei fecit, qui ludi Pythia dicuntur. 


Higino. Fábulas, 140.

Es una tradición en la isla de Delos que un olivo y una palmera emergieron del suelo, en el momento en que Latona, sintiendo los dolores del parto, no lograba liberarse; y tan pronto como tocó esos árboles, dio a luz a los dos niños que llevaba en su vientre 

Eliano. Historias diversas, V, 4.

El mismo invierno, los atenienses purificaron Delos, en cumplimiento, según parece, de un cierto oráculo. Había sido purificada antes por Pisístrato el tirano; no de hecho toda la isla, sino la parte mayor que se podía ver desde el templo. Sin embargo, ahora toda fue purificada de la siguiente manera. Se quitaron todos los sepulcros de los que habían muerto en Delos, y en el futuro se ordenó que a nadie se le permitiera morir o dar a luz a un niño en la isla; sino que debíann ser llevados a Rhenea, que está tan cerca de Delos que Polícrates, tirano de Samos, habiendo agregado a Rhenea a sus otras conquistas de islas durante su período de dominio naval, la dedicó al Apolo de Delos, uniéndola a ésta con una cadena.

Tucídides. Historia de la guerra del Peloponeso, III, 104.

Rhenea es una islote desierto, distante de Delos sólo 4 estadios, y que contiene los entierros de los delios. Sabemos que está prohibido enterrar o quemar un cuerpo en Delos; y tampoco hay permiso para tener un perro. El nombre original de Rhenea fue Ortygia.

Estrabon. Geografía, X, 5, 5.

lunes, 16 de abril de 2018

Nacimiento de Artemisa y Apolo

Leto parió a Apolo y a la flechadora Ártemis, prole más deseable que todos los descendientes de Urano, en contacto amoroso con Zeus portador de la égida.

Hesíodo. Teogonía, 918.

Entre las hijas de Ceos, una de ellas, Asteria, para escapar de los ardores amorosos de Zeus, se convirtió en una codorniz y se arrojó al mar. De ella nació una ciudad, que tomó su nombre, Asteria; más tarde, fue llamada Delos. Leto, en el momento en que Hera la echó de todas las tierras debido a su amor por Zeus, un día llegó a Delos, y finalmente pudo dar a luz a Artemisa. Artemis misma a continuación, actuó como partera, y Leto también dio a luz a Apolo.

Apolodoro. Biblioteca, I, 4, 1.

Pistetero
Oh! Halcón, guardián sagrado de Sunium, ¡oh, dios de las cigüeñas!

Sacerdote
. . . al cisne de Delos, a Leto, la madre de las codornices, y a Artemisa, el jilguero.

Pistetero
Ya no es Artemisa de Coleno, sino Artemisa, el jilguero.


Aristófanes. Las aves, 870. 

domingo, 15 de abril de 2018

Zeus y Hera (II)

Se dice que Efialtes y Oto fueron los primeros en sacrificar a las Musas en Helicón, y que les consagraron esta montaña: agregamos que fundaron Ascra y Hegesinoos dice al respecto, en su poema sobre el Ática: Poseidón tuvo un intercambio con Aske, y, al terminar el año, le dio un hijo, Ooclo, quien, junto con los hijos de Aloeos, fundó primero la ciudad de Ascra, al pie del Helicón, abundante en fuentes. No leí este poema de Hegesinoos, porque ya estaba perdido antes de que yo naciera; pero Calipos el corintio, en su obra sobre los habitantes de Orcómenos, citó estos versos en apoyo de lo que dice, y los relaciono según él. En mi tiempo, una torre era todo lo que quedaba de Ascra. Los hijos de Aloeos reconocieron a tres Musas, a las que llamaron Melete, Mneme y Acede.

Pausanias: Descripción de Grecia, IX, 29, 1-2

miércoles, 11 de abril de 2018

Zeus y Hera

Dando profundos suspiros, contestó Aquileo, el de los pies ligeros: —Lo sabes. ¿A qué referirte lo que ya conoces? Fuimos a Tebas, la sagrada ciudad de Eetión; la saqueamos, y el botín que trajimos se lo distribuyeron equitativamente los aqueos, separando para el Atrida a Criseida, la de hermosas mejillas. Luego, Crises, sacerdote del flechador Apolo, queriendo redimir a su hija, se presentó en las veleras naves aqueas con inmenso rescate y las ínfulas del flechador Apolo, que pendían del áureo cetro, en la mano; y suplicó a todos los aqueos, y particularmente a los dos Atridas, caudillos de pueblos. Todos los aqueos aprobaron a voces que se respetase al sacerdote y se admitiera el espléndido rescate; mas el Atrida Agamemnón, a quien no plugo el acuerdo, le mandó enhoramala con amenazador lenguaje. El anciano se fue irritado; y Apolo, accediendo a sus ruegos, pues le era muy querido, tiró a los argivos funesta saeta: morían los hombres unos en pos de otros, y las flechas del dios volaban por todas partes en el vasto campamento de los aqueos. Un sabio adivino nos explicó el vaticinio del Flechador, y yo fui el primero en aconsejar que se aplacara al dios. El Atrida encendióse en ira, y levantándose, me dirigió una amenaza que ya se ha cumplido. A aquélla, los aqueos de ojos vivos la conducen a Crisa en velera nave con presentes para el dios, y a la hija de Briseo que los aqueos me dieron, unos heraldos se la han llevado ahora mismo de mi tienda. Tú, si puedes, socorre a tu buen hijo; ve al Olimpo y ruega a Zeus, si alguna vez llevaste consuelo a su corazón con palabras o con obras. Muchas veces hallándonos en el palacio de mi padre, oí que te gloriabas de haber evitado, tú sola entre los inmortales, una afrentosa desgracia al Cronión, que amontona las sombrías nubes, cuando quisieron atarle otros dioses olímpicos, Hera, Poseidón y Palas Atenea. Tú, oh diosa, acudiste y le libraste de las ataduras, llamando al espacioso Olimpo al centímano a quien los dioses nombran Briareo y todos los hombres Egeón, el cual es superior en fuerza a su mismo padre, y se sentó entonces al lado de Zeus, ufano de su gloria; temiéronle los bienaventurados dioses y desistieron de su propósito. Recuérdaselo, siéntate junto a él y abraza sus rodillas: quizá decida favorecer a los teucros y acorralar a los aqueos, que serán muertos entre las popas, cerca del mar, para que todos disfruten de su rey y comprenda el poderoso Agamemnón Atrida la falta que ha cometido no honrando al mejor de los aqueos.

Homero. Ilíada, I, 364-412. Traducción de Luis Segalá y Estalella, 1910.


Dijo Zeus: —Tu engaño, Hera maléfica e incorregible, ha hecho que Héctor dejara de combatir y que sus tropas se dieran a la fuga. No sé si castigarte con azotes, para que seas la primera en gozar de tu funesta astucia. ¿Por ventura no te acuerdas de cuando estuviste colgada en lo alto y puse en tus pies sendos yunques, y en tus manos áureas e irrompibles esposas? Te hallabas suspendida en medio del éter y de las nubes, los dioses del vasto Olimpo te rodeaban indignados, pero no podían desatarte —si entonces llego a coger a alguno, le arrojo de estos umbrales y llega a la tierra casi sin vida—, y yo no lograba echar del corazón el continuo pesar que sentía por el divino Heracles, a quien tú, produciendo una tempestad con el auxilio del Bóreas arrojaste con perversa intención al mar estéril y llevaste luego a la populosa Cos, allí le libré de los peligros y le conduje nuevamente a la Argólide, criadora de caballos, después que hubo padecido muchas fatigas. Te lo recuerdo para que pongas fin a tus engaños y sepas si te será provechoso haber venido de la mansión de los dioses a burlarme con los goces del amor.

Homero. Ilíada, XV, 14-33. Traducción de Luis Segalá y Estalella, 1910.